Iglesia
Prefirió la unidad a la lealtad personal.
Influencia
Un fraile sin cargos de gobierno que pesó en las grandes decisiones de su tiempo: la unidad de la Iglesia, la sucesión de la Corona de Aragón y la paz entre bandos enfrentados.
1378 – 1417

Durante el Cisma de Occidente, la cristiandad latina llegó a tener dos y hasta tres papas rivales. Vicente Ferrer fue durante muchos años fiel a la obediencia de Aviñón y a Pedro de Luna, Benedicto XIII, de cuyo entorno formó parte como amigo y consejero.
Con el tiempo antepuso la unidad de la Iglesia a esa lealtad personal. Instó a Benedicto a renunciar para hacer posible la unión, y este se negó.
El 6 de enero de 1416, en Perpiñán, por encargo del rey Fernando I, proclamó la sustracción de obediencia de la Corona de Aragón a Benedicto XIII. Fue un paso clave para que los reinos hispánicos se sumaran al Concilio de Constanza, que puso fin al Cisma con la elección de Martín V en 1417.
Según la mayoría de los estudios, no acudió personalmente a Constanza; su aportación fue abrir, desde la Corona de Aragón, el camino hacia la unión.
1412
A la muerte sin heredero de Martín el Humano (1410), la Corona de Aragón quedó sin rey y con varios pretendientes. Para evitar la guerra, se confió la decisión a nueve compromisarios, tres por cada territorio: Aragón, Cataluña y Valencia.
Vicente Ferrer fue uno de ellos, como también su hermano Bonifacio, prior de la Cartuja. En 1412 su voto favoreció a Fernando de Antequera, de la casa de Trastámara, que fue proclamado rey.
La tradición le atribuye a menudo un papel decisivo en el resultado. Los historiadores matizan ese protagonismo y siguen debatiendo el compromiso, pero coinciden en algo valioso: una sucesión disputada se resolvió por la vía del acuerdo y no de las armas.
Doctor de la Paz
Allí donde predicaba, las crónicas y los testimonios hablan de bandos que se reconciliaban, de enemistades familiares que se cerraban y de ciudades pacificadas. Para él, la conversión personal y la paz social eran inseparables.
Por eso la causa propone para él el título de Doctor de la Paz: una enseñanza que une fe, reforma de vida y concordia, y que habla también a nuestra época. La declaración como Doctor de la Iglesia aún no se ha producido y corresponde exclusivamente al Santo Padre.
Prefirió la unidad a la lealtad personal.
Contribuyó a una sucesión pactada.
Reconcilió bandos y familias enfrentadas.