El proceso
Testimonios jurados, recogidos por comisionados pontificios. El 29 de junio de 1455, Calixto III proclamó su santidad; la bula correspondiente fue promulgada más tarde, por Pío II, hacia 1458.
Milagros
Desde su muerte en 1419, la fama de santidad de San Vicente Ferrer creció de boca en boca. Aquí distinguimos lo que recogen los testigos y el proceso de canonización de lo que transmitió la devoción popular.
1419 – 1455

Ya en vida le acompañaba fama de santo. Tras su muerte en Vannes, en 1419, esa fama de santidad y de milagros se extendió con rapidez, y surgió un culto popular espontáneo antes de cualquier reconocimiento oficial.
En 1451 el papa Nicolás V abrió el camino al proceso de canonización. Hacia 1453–1454 se celebraron investigaciones en Bretaña, la más amplia, en Toulouse y en Nápoles. La de Aviñón no se ha conservado, y es posible que se perdieran también otras realizadas en tierras hispánicas.
En estas investigaciones declararon cientos de testigos. Según las fuentes, el expediente recoge un número muy elevado de relatos de milagros; se habla de más de ochocientos, aunque la cifra varía según cómo se cuenten.
Predominan las curaciones atribuidas a su intercesión, junto a otros prodigios de distinto tipo descritos por los testigos. Preferimos no reproducir relatos concretos sin aparato crítico: el valor del proceso está en el conjunto de testimonios, no en la anécdota.
Distinguir para comprender
Junto al proceso de canonización existe una rica tradición popular de relatos y leyendas, transmitida durante siglos en Valencia, en Bretaña y en otros lugares. Es parte de la memoria de los pueblos, pero no debe confundirse con lo que consta en las declaraciones de los testigos.
Testimonios jurados, recogidos por comisionados pontificios. El 29 de junio de 1455, Calixto III proclamó su santidad; la bula correspondiente fue promulgada más tarde, por Pío II, hacia 1458.
Tras la edición de Fages (1904), Alfonso Esponera Cerdán publicó una edición bilingüe del Proceso de canonización (Valencia–Friburgo, 2018), basada en buena parte en el manuscrito 690 de la Biblioteca Histórica de la Universitat de València.
La catedral de Vannes, que custodia sus reliquias, sigue siendo lugar de devoción y peregrinación.