Conversión
Una llamada constante a la penitencia y al cambio de vida.
Obra
Más que un autor de escuela, San Vicente Ferrer fue un maestro de vida espiritual y un predicador incansable. Sus escritos y sus sermones conservan una enseñanza clara, exigente y al alcance de todos.
Tratados

Su escrito más conocido es el Tratado de la vida espiritual (Tractatus de vita spirituali): un breve tratado ascético que recoge la doctrina de los Padres y la ofrece como guía práctica para quien busca a Dios.
Sus páginas insisten en la pobreza, el silencio, la obediencia y la pureza de corazón. Desde el siglo XV conoció una difusión enorme, en manuscritos, ediciones y traducciones, y ha acompañado a generaciones de religiosos y laicos.
Se le atribuyen además algunos tratados latinos de juventud, de carácter filosófico y teológico, vinculados a su etapa de estudio y docencia. La tradición editorial reunió sus escritos en ediciones de Opera omnia, entre ellas una publicada en Valencia a finales del siglo XVII.
Su gran legado
La predicación fue el corazón de su obra. Muchos de sus sermones nos han llegado gracias a quienes los escuchaban y los ponían por escrito: las llamadas reportationes. No son textos pulidos de gabinete, sino el eco de una palabra viva, pronunciada ante multitudes.
Entre estos testimonios destaca un sermonario conservado en Aviñón, y la investigación contemporánea ha ofrecido ediciones críticas, como las de Francisco M. Gimeno Blay y M.ª Luz Mandingorra.
Una llamada constante a la penitencia y al cambio de vida.
La urgencia de prepararse para el encuentro definitivo con Dios.
Reforma de las costumbres y reconciliación entre personas, familias y pueblos.
Enseñanza

Su pensamiento hunde sus raíces en la tradición dominicana y en la teología de santo Tomás de Aquino. Pero su doctrina es, ante todo, pastoral: traduce verdades exigentes a un lenguaje que entendían el campesino y el letrado.
Por eso su enseñanza trascendió fronteras y siglos. Para declarar a alguien Doctor de la Iglesia se valoran una doctrina eminente, una santidad reconocida y un influjo universal en la vida de la Iglesia. La causa que impulsamos sostiene que San Vicente Ferrer reúne estos rasgos.
La declaración aún no se ha producido y corresponde exclusivamente al Santo Padre.